lunes, 1 de junio de 2015

Fin de semana en Bilbao

El Puente de Vizcaya, único en el mundo
Parece que nos hemos aficionado a viajar al norte y más concretamente al País Vasco; este fin de semana de nuevo hemos vuelto a  Euskadi, en esta ocasión a Vizcaya.
El Musical "La viuda alegre”, nueva producción del Teatro Arriaga, ha sido la excusa perfecta para coger el tren en Zaragoza un viernes por la tarde y presentarnos, tras un lento viaje de 5 horas, en Bilbao. Una ciudad que en las últimas décadas ha logrado cambiar su imagen, radicalmente y para bien.

Sosteniendo el  Puente de Vizcaya.
Nos alojamos el Hotel Abando, muy cerca de la estación de Adif y la zona de bares de la calle Ledesma, que al llegar encontramos bastante animada. Dejamos las maletas y salimos a “txiquitear”; la primera parada es obligada: probar los famosos pinchos morunos en el Café Iruña, un clásico de la ciudad que ya ha cumplido un siglo, manteniendo su castizo aire de antaño. De allí pasamos a otros bares de la zona a comer "rabas", "tigres" y otras tapas típicas de Bilbao acompañadas de txakolí de Vizcaya.

 ¡ Bilbao anima al Athletic que va a jugar  la Copa del Rey!





Por la mañana, de camino hacia la estación de Atxuri, cruzamos la ría para desayunar en uno de los bares de la Plaza Nueva, de la cual guardamos buenos recuerdos gastronómicos. De paso vemos que todos los grandes edificios de la ciudad están adornados con los colores del Athletic Club en forma de banderas, escudos o camisetas. Decoración que se repite también en infinidad de balcones, ventanas o incluso en medio de las estrechas calles del casco histórico. Caemos en la cuenta de que el Athletic va a disputar muy pronto la final de la Copa del Rey, ese debe ser el motivo del fervor casi religioso que se apoderado de los bilbainos de toda clase y condición.

Estación de Atxuri 
Puente de San Antón. Bilbao

Cristalera del Mercado de la Ribera
Al llegar a la estación nos preguntamos si será acertada la clasificación "estilo neo-vasco" que le atribuye el organismo vasco de turismo... El edificio no es que sea feo, pero resulta tan oscuro que es muy difícil apreciar cualquier estilo. Desde aquí, la compañía Euskotren opera dos líneas: una lleva hasta San Sebastián y la otra a la marinera villa de Bermeo. Esta última es la que nos interesa ya que queremos ir a Mundaka, lugar famoso en el mundo entero por sus olas aptas para practicar el surf. Pero el tren aún tardará en salir casi una hora, que ocupamos dando un paseo por la orilla del Nervión.

De la cloaca infecta que fue, por suerte ya no queda nada; ahora la ría de Bilbao es un paseo más de la ciudad, bien integrado en el plan urbano, y los edificios que la flanquean se han beneficiado de profundas restauraciones. Es el caso del Mercado de la Ribera, de estilo racionalista, que durante un tiempo daba auténtica lástima por lo degradado que llegó a estar; tras su reciente restauración se ha convertido en el mayor mercado cubierto de Europa y es un verdadero placer visitarlo, por la variedad y calidad de puestos, la comodidad de los espacios de tránsito y por detalles decorativos como las vidrieras de colores que adornan sus dos fachadas. Desde sus balcones tenemos una vista privilegiada del puente y la iglesia de San Antón, testigos de la vida de Bilbao más o menos desde siempre.

Mercado de la Ribera 
Por fin nos montamos en el tren y en poco más de una hora recorremos los 40 km que separan Bilbao de Mundaka. La verdad es que cuando llegamos apenas hay surfistas y las olas no son nada especiales, pero la visita de Mundaka merece la pena. Se encuentra en un bello espacio natural formado por marismas en la desembocadura del río Oka, que forma parte de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai.

La ría de Mundaka
Tras bajarnos en la estación vamos directamente a contemplar el panorama desde la ermita de Santa Catalina, que destaca en un montículo a la orilla del mar. Al fondo se ve la isla de Ízaro, la misma que aparecía en las películas de los años 60 y 70  de la productora Ízaro Films, es decir que aquellas pelis de Alfredo Landa, Ozores y Gracita Morales llevan su marca. (Os dejo un enlace sobre Julián Reyzábal, su fundador).
Puerto de Mundaka. Vizcaya
La vista es preciosa y desde el mirador se pueden contemplar acantilados, la ría y las famosas olas, que hoy están tranquilas y casi ni se las ve. El paseo nos lleva hasta el pequeño puerto de Mundaka, muy escondido y protegido de las olas, en el que se ven pequeñas embarcaciones que parecen de recreo.

Olas para surf de Mundaka. Vizcaya
Nos acercamos hasta el camping de Portuondo, a las afueras del pueblo, para comer en la terraza que da al final de la ría,  frente a la playa de Laida. La comida no es barata y tampoco es gran cosa (self-service con un menú de pollo, ensalada, rabas y poco más) pero la vista merece la pena. A lo lejos vemos máquinas y camiones trabajando en el arenal; más tarde nos enteramos de que el Ministerio de Medio Ambiente ha autorizado el dragado de parte de la arena depositada por los temporales del pasado invierno y que esta actuación alarma a los aficionados al surf y también a los profesionales del turismo, que temen una incidencia negativa sobre la famosa "ola izquierda de Mundaka".

Teatro Arriaga. Bilbao
La viuda alegre
Volvemos con tiempo para descansar antes de la función en el Teatro Arriaga. Es un teatro grande y muy elegante que también ha sido restaurado hace poco; además este año celebra su 125 aniversario y al parecer su presupuesto ha salido beneficiado con la efemérides. Su director artístico es el asturiano Emilio Sagi, autor de excelentes producciones de ópera a lo largo de su carrera, algunas de las cuales hemos llegado a disfrutar. Para esta ocasión ha propuesto al Arriaga una versión en el género musical de la célebre opereta "La viuda alegre" de Franz Léhar, un título que Sagi anhelaba poder montar algún día, según confiesa él mismo. A nosotros sin embargo el resultado nos parece decepcionante; la producción en sí no está mal: decorados complejos, vestuario elegante.. más o menos dan la talla. Como aspecto positivo también estarían las coreografías; las firma Nuria Castejón, que es una garantía de calidad y se nota que ha hecho ensayar muy duro a todo el mundo. Pero todo se viene abajo al escuchar las voces, que van de lo anodino a lo penoso. Ya sabemos que los actores de musical ni siquiera son cantantes en sentido estricto, o eso nos quieren hacer creer para justificar el bajísimo nivel de canto en el mundo del musical actual, al menos en España. Pero ni aún así esperábamos lo que nos ha caído encima: por ejemplo un tal Guido Balzaretti, muchacho guapo y elegante que se ha hartado de interpretar "Los miserables" por medio mundo, aquí nos abruma soltando gallos casi a cada frase. Al margen de las voces, la versión en sí es muy floja, no tiene garra, nada que actualice o realce un poco el tema tan manido del amor por interés; además los arreglos musicales y los textos de las canciones son ñoños, simplones, muy poco trabajados, y eso me parece que recae en la cuenta de un tal Jordi López, director musical que además se atreve con el envite dirigiendo una escuálida "orquesta" de 12 músicos.
Restaurante Bascook. Bilbao
En fin, que el continente muy bonito pero el contenido... para olvidar.

Tenemos reserva para cenar en el restaurante Bascook, cerca de nuestro hotel y.. cerca de todo, en realidad . El chef Aitor Elizegi escogió para montar este restaurante un antiguo almacén de sal que hubo de ser reformado en profundidad, con un resultado sorprendente. Desde el momento en el que entramos el trato, el entorno, el menú presentado en un formato original, la comida... todo nos resultó muy agradable. Es un sitio especial, para recomendar totalmente.
A la salida paseamos tranquilamente por la ría, el Guggenheim apenas está iluminado y no se ven las flores del enorme perro que preside la entrada,  pero aún en la penumbra nos sigue pareciendo un espacio con mucha fuerza.

Guggenheim a media luz. Bilbao
La mañana del domingo madrugamos un poco para aprovechar bien las horas que nos quedan. En este viaje no queremos dejar de ver el famoso Puente de Vizcaya. Es el puente colgante mas antiguo del mundo, construido en 1893 para unir las dos orillas de la ría del Nervión, entre Portugalete y Getxo, pero sin impedir el transito de los barcos. En 2006 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Portugalete. Vizcaya

El Metro de Bilbao es un sistema de transporte rápido y muy bien montado y mantenido, que resulta práctico para unir el centro de la capital con muchos de los municipios más poblados de su entorno. Lo abordamos temprano en Abando, a 2 minutos a pie desde el hotel, con intención de ir a Areeta, en la orilla de Getxo... pero nos equivocamos de tren y acabamos en Portugalete. Da lo mismo que da igual, ya que el puente queda en medio. Las empinadas calles de Portugalete que bajan a la ría nos ofrecen algunas vistas sobre el puente; aquí también se ven banderas del Athletic por todas partes, parece que hay una gran solidaridad entre los vizcaínos en torno al equipo de la capital del señorío. Portugalete además es una ciudad con historia y durante el paseo podemos admirar sus monumentos antiguos: la Torre Salazar (siglo XIV), la basílica de Santa María, en la cual entramos para admirar su magnífico retablo renacentista, o la antigua estación de "La Canilla", que ahora sirve como oficina de turismo.


Cruzando la ría del Nervión. Vizcaya
El puente es impresionante; su construcción supuso una revolución para la ingeniería civil de la época y actualmente es el único del mundo que sigue en funcionamiento. Desde hace unos años se puede visitar la estructura subiendo con un ascensor al tablero superior (7 €). Nosotros preferimos cruzar con el sistema tradicional cogiendo la “barquilla” que a modo de autobus aéreo transporta coches y personas (0,35 € ) de un lado al otro de la ría.

Volvemos a Bilbao a la hora del tapeo por la animada zona de las Siete Calles, pero por desgracia tenemos el tiempo justo y nos limitamos a comer en el restaurante peruano Ají Colorao. Lo hemos elegido por la curiosidad de saber si resulta viable este tipo de local en una ciudad como Bilbao, heredera de una tradición culinaria específica y sin una gran colonia de residentes andinos que lo justifique, como sí sucede por ejemplo en Madrid. Nos sirven especialidades típicas y bastante bien hechas: anticuchos, chupe de camarones y arroz con marisco, pero en raciones tan escasas que echamos de menos que no se les contagie un poco de la generosidad de los platos vascos. Una pena que por poco no sepan quedar bien con los clientes!.
Cogemos el tren de vuelta en la estación Indalecio Prieto, que como se sabe está adornada con una monumental vidriera, para llegar al atardecer, cansados pero relajados, de vuelta a  Zaragoza.

Vidriera de la estación de tren Indalecio Prieto. Bilbao

4 comentarios:

Concha Moncayola dijo...

Me encanta viajar con vosotros!!!!

Pilar Brun dijo...

Concha, me alegro mucho, pero además creo que compartimos la afición por Euskadi.

Güngör Ekinci Saglik dijo...

Yo quiero ver mucho. Ahmet me dice que una ciudad muy muy bonito.

Luis Mur dijo...

Güngör, me alegro de que te guste Bilbao. Tiene razón Ahmet, en cuanto puedas te acercas que no te defraudará. Un beso